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sábado, 10 de mayo de 2014

La Europa que quiere Cilus




“Nos sentimos muy españoles, pero queremos otra España”. “Nos sentimos muy demócratas, pero queremos otra Democracia”. Lo mismo que decimos de España o de la democracia, podemos afirmar de Europa:  “Nos sentimos muy europeos, pero QUEREMOS OTRA EUROPA”.

Somos europeos por convicción pero también por necesidad. Por convicción, porque la Unión Europea ha logrado acabar con la eterna rivalidad entre Francia y Alemania y porque nos ha hecho ver a nuestros respectivos vecinos, en nuestro caso a los franceses y a los portugueses, como unos ciudadanos más, no como unos enemigos. La Unión Europea ha reforzado nuestra democracia y es una garantía de la misma. Europeos por necesidad, porque los países europeos por separado, no podremos hacer frente a la globalización.
Queremos la Europa de los ciudadanos, y no sólo la Europa de las mercancías y de los políticos.

Una Europa que no permanezca impasible viendo cómo se desmorona nuestro estado del bienestar y cómo aumentan las cifras de paro, sobre todo en algunos países de la Unión.

Una Europa que controle no sólo los atentados contra la libertad de mercado, sino, sobre todo, los atentados contra la democracia, contra los Derechos Humanos, Civiles y Ciudadanos.

Una Europa que participe más activamente en la regulación necesaria frente a los efectos no deseados de la globalización, más independiente frente a los grandes grupos de presión multinacionales y económicos.

QUEREMOS UNOS ESTADOS UNIDOS DE EUROPA

Responsabilizamos a las instituciones de la Unión Europea de que:
  1. Se han preocupado de crear un gran mercado pero no una verdadera Unión Social Política y Económica entre todos los ciudadanos.
  2. No han sabido controlar la deriva económica y financiera hacia la que se estaban dirigiendo algunos países de la Unión.
  3.  No han sido capaces de darse cuenta de que la unión monetaria, sin una unión económica y fiscal, podría originar muchos problemas, como así ha sido.
  4. A pesar de estar en peligro el estado social europeo, no se estén tomando con urgencia las medidas necesarias.
  5. Su política comercial está favoreciendo a las grandes empresas internacionales –muchas de ellas europeas-, mientras está perjudicando a las pequeñas y medianas empresas y a los trabajadores europeos. Se están desmantelando las fábricas de Europa para fabricar a precios abusivos en los países emergentes, practicando la injusticia social y ecológica.
  6. Está exigiendo austeridad a los países miembros cuando la Comisión y el Parlamento Europeo están despilfarrando el dinero de los ciudadanos:
    • ¿Son necesarias realmente las embajadas de la Unión Europea, mientras cada país y a veces cada una sus regiones mantienen las suyas propias?
    • ¿Son necesarios tantos intérpretes y traductores?
    • ¿Para qué sirven las oficinas del Parlamento Europeo y de la Comisión en las grandes ciudades de los países miembros cuando casi todo esto se puede hacer de una manera centralizada para todos ellos?
  1. Haya fronteras para las llamadas de teléfono dentro de la Unión y también para el precio de la prensa.

LA EUROPA QUE PROPONEMOS:
  1. Elección directa del Presidente de la Unión Europea, que deberá celebrarse el mismo día en todos los países de la Unión.
  2. Elección directa de la mitad de los eurodiputados en un solo colegio electoral que abarque toda la Unión Europea, en listas no bloqueadas, correspondiendo la otra mitad al resto de los países miembros.
  3. Creación de una auténtica Unión de Estados Europeos para todos aquellos estados miembros que así lo deseen y busquen una mayor integración. Aquellos estados que deseen seguir con la situación actual, constituirían un segundo grupo, pero ya no podrían frenar ni impedir que otros avanzaran hacia una mayor unión.
  4. Más Europa y menos nacionalismos tanto de los Estados como de sus regiones.
  5. Que las múltiples embajadas de los países miembros de la Unión Europea sean sustituidas por una única representación que sustituya a las mismas, que deberían quedar relegadas a delegaciones comerciales.
  6. Reducción del presupuesto de la UE destinado a traductores e intérpretes. Potenciación del uso de un idioma común en las instituciones comunitarias.
  7. Lucha contra la corrupción en la selección de los funcionarios, sobre todo de los altos cargos dentro de las Instituciones.
  8. Unas políticas comunes de toda la unión Europea para aquellos campos en los que las políticas nacionales de los Estados miembros se hayan mostrado ineficaces o insuficientes.
  9. Cuando sea necesario realizar un referéndum sobre cuestiones europeas, pedimos uno único a nivel de toda la Unión Europea, y no por separado en cada uno de los Estados miembros.
  10. Que la Unión Europea desempeñe un papel más activo y contribuya a una efectiva regulación mundial de la economía y de las finanzas. La falta de esta regulación está dejando a Europa con las manos atadas frente a los grandes poderes financieros multinacionales y los paraísos fiscales.
  11. Supresión de las oficinas del Parlamento Europeo y de la Comisión en los países miembros, centralizando sus servicios.
  12. Elaboración de mecanismos de defensa ante la ciberdelincuencia  y las intrusiones en los ordenadores privados.
  13. Revisión profunda de la política agrícola común y de la política de la pesca.
  14. Una Europa que se preocupe de forma más activa de los grandes problemas que afectan a los ciudadanos europeos, como por ejemplo la creación de empleo y la auténtica libre circulación de personas .
  15. Pedimos una unión no solo monetaria, sino también económica y fiscal.
  16. Legislación unificada en toda la Unión Europea en materia de energía y medio ambiente.
  17. Armonización de las políticas sanitarias y de investigación.

Celebraciones anacrónicas en una Europa unida


Como todos los años, hoy ha tenido lugar la celebración anual del fin de la Segunda Guerra Mundial con la victoria sobre Alemania, gobernada entonces por un régimen dictatorial de extrema izquierda nacionalista. Y ya van 69 años de celebraciones.

Todas estas celebraciones de guerras y ofensivas bélicas contra países que se suponen amigos y socios de los celebrantes en una Europa cada vez más unida, al menos formalmente, para crear una gran comunidad política y económica con libre movimiento de personas y mercancías entre los  veintiocho países miembros, resultan cada vez más anacrónicas. Incluso me atrevería a decir que son una ofensa más que un homenaje a los caídos o la proeza bélica.

No se trata de que se olviden determinados hechos históricos, sino de no reabrir viejas heridas, fomentando el resentimiento y el odio más que cultivar la memoria histórica para evitar que se repitan circunstancias que llevaron a las grandes guerras que no fueron más que destrucción de vidas humanas y patrimonios culturales, mientras que nunca sirvieron realmente para nada si comparamos situaciones anteriores y posteriores al empleo de la violencia bélica.

Especialmente destacan las celebraciones rusas en la Plaza Roja de Moscú, en un momento en el que la Federación Rusa pretende volver al imperialismo y a las malas maneras que ejercía desde 1801 y sobre todo durante los setenta y tres años de la dictadura comunista, con una demostración a la vieja usanza soviética del poder bélico.
Lo que se omite en todas estas celebraciones, a las que en los últimos años asiste siempre el gobierno alemán, para seguir humillándose y ser humillado por algo que hizo un régimen totalitario en tiempos ya remotos, es todo el sufrimiento del pueblo derrotado al tener que soportar los pillajes, los asaltos, las violaciones y crueldades, la tortura y el rapto, la expulsión de su territorio, la destrucción del patrimonio cultural por las tropas soviéticas, al igual que la destrucción masiva de ciudades indefensas por los británicos de gente que nada podía hacer para evitar la guerra y los demanes de sus dirigentes políticos. No son proezas dignas de celebraciones.

Por otra parte, los franceses, que iban de remolque, ya que no pintaron realmente nada al no disponer de ejército propio operativo en aquel momento, son los más interesados en recordar el día en que comenzaron a recuperar su independencia, pero no sin haber colaborado un tiempo y en una parte de Francia con los ocupadores nazis.

Sería mucho más útil celebrar hechos históricos que simbolizan el nexo de unión entre los europeos, su origen común y el carácter positivo de algunos acontecimientos que fueron todo menos el enfrentamiento entre pueblos.

En realidad se trata de un recalentamiento continuo del sentimiento de culpabilidad de unos y de triunfo de otros, de subrayar que unos son perdedores y otros vencedores, de actos de humillación y demostración de supremacía.

Obama ya dejó entrever su actitud cuando en plena campaña electoral estadounidense dio su discurso en Berlín, bajo la Columna de la Victoria. Su semblante sereno, de predicador americano, es engañoso y hace temer lo peor. EE.UU. quiere imponer a Europa cuál ha de ser la política europea y quién manda aquí.

En una Europa unida lo que no procede es celebrar acontecimientos que humillan a otros. En Europa, todos los países han tenido guerras entre sí, incluso estados alemanes se enfrentaron unos con otros por intereses territoriales. Si realmente se quiere llegar a crear unos Estados Unidos de Europa, lo que tiene que prevalecer son los valores comunes, la concordia entre los pueblos y la superación de resentimientos históricos.

Tal vez algunos países aún no han comprendido que ya no son ni deben ser hegemónicos,  mientras que otros dejaron de celebrar hace tiempo batallas contra países que hoy son amigos y socios. Un sentimiento europeo tiene que partir de una nueva forma de pensar y de actuar sin quedar anclado en un pasado ya remoto que la mayoría de las nuevas generaciones apenas conocen de los libros y de la televisión ni pueden entender. El mundo nunca cambiará siguiendo viejos esquemas de potencias mundiales o continentales y países subordinados.

Las conmemoraciones casposas de hazañas bélicas como la del 9 de mayo deben cesar. Necesitamos una política nueva, necesitamos políticos nuevos. El mundo ha cambiado, pero los políticos siguen con una mentalidad del siglo XIX, con intereses geopolíticos caducos e inmovilistas. Los actos del 9 de mayo se organizaron -como se pudo ver en la televisión- para un público selecto, decorado con veteranos de guerra luciendo medallas, que en 1945 debían haber sido muy jovencitos. Es el mundo particular en el que viven los  gobernantes, lejos de los ciudadanos a los que hacen pagar las facturas. ¿Es esa la Europa que queremos?

Cilus - Ciudadanos Libres Unidos quiere otra Europa.

Pedro Schwenzer
Candidato Nº 2 al Parlamento Europeo